¡De Milán al Cielo... y de vuelta! Mi Loca Odisea Madrileña como Turista Express (y el reencuentro más ruidoso del Universo)
¡Hey, gente viajera y amantes de las anécdotas con sabor a risas!
Uno pensaría que
estando en Milán, con toda Italia a tiro de tren, mi plan sería devorarme la
bota de lado a lado, o de norte a sur, ¿verdad? Pues no. A mí se me ocurrió la brillante (y un
poco caótica) idea de lanzarme a una aventura relámpago en... ¡España! Sí,
España. Con David. Él iría una semana por trabajo, y yo, cual abeja a la miel,
me le sumaría el viernes para exprimir Madrid hasta el último suspiro.
Por esa época, mi querida amiga
Gia, esa que conocí en Chile y que es pura dinamita, se había mudado a la
ciudad de sus sueños: Madrid. Cuando supo que estaba en Milán, la frase fue:
"¿¡Cómo que no nos vemos!?". Y claro, una oferta así no se rechaza.
Aproveché unas millas salvadoras (¡gracias, COVID, por los bonos de aerolínea!)
y compré otro ticket. Mini maleta lista, corazón a mil, y rumbo al encuentro
con Gia.
¡Alerta de
Reencuentro Nivel 1000! (o cómo hacer el ridículo con estilo)
Aterricé en
Barajas a las 22:00h, con la cámara del móvil grabando mi épica llegada. Gia me
esperaba fuera, y lo que sucedió a continuación, mis queridos, fue un
reencuentro digno de película, pero de comedia absurda. Mi emoción fue tan
sideral que no puedo ni contarla. Un torbellino de risas incontrolables en el
auto, miradas curiosas de transeúntes ("¿Y a estas qué les pasa?"),
un abrazo que casi le saca el aire a Gia y gritos mutuos: "¡BEBÉ!",
me decía ella. "¡ESTÁS RUBIAAAA!", le respondía yo, con la voz rota
por la emoción y el cansancio. ¡Parecíamos dos ardillas drogadas de cafeína!
Esa noche, el
tiempo era oro (o tapas y cañas). Nos fuimos a un bar de tapas, porque en
Madrid, el hambre se cura con jamón serrano y cerveza. Y claro, aprovechamos
para hacer una videollamada con Vanessa, nuestra amiga en común, para compartir
nuestras "impresiones" en vivo y en directo. Gia, con esa pasión que
la caracteriza, me hablaba de su vida en Madrid, de lo feliz que estaba y, con
vehemencia, me decía: "¡Quédate en Europa, no vuelvas!". Su
entusiasmo era contagioso, ¡casi me convence!
Un Regalo Fragmentado y una Noche de Risas Inolvidables
Al llegar a casa, el parloteo siguió. Yo le contaba de mis problemas de insomnio, pero antes de que mis párpados me traicionaran, ¡llegó el momento regalo! Con toda la ilusión, saqué de mi maleta una taza de Milán. Lo que no sabía es que, entre tanto trajín, ¡se había partido en el viaje!
Gia la desenvolvió, la vio, me miró, y soltó una carcajada épica. "¡Waoooo, joe!", me dijo, "Nadie nunca me había regalado una taza... ¡partida!". Mi alma quería esconderse, pero su risa era tan contagiosa que terminamos riendo a carcajadas. ¡Un regalo memorable, aunque no precisamente por la integridad de la pieza! Al menos, le di una anécdota épica para su café de la mañana.
Después de ese épico debut del "regalo fragmentado", mi insomnio no tuvo oportunidad. Según Gia, respiré profundamente y caí rendida. Madrid ya me estaba dando la bienvenida a su manera: con risas, amigos y... ¡cerámica rota!
Madrid Express:
Un Maratón de Belleza y Sabor (con mucho "flipar")
A la mañana
siguiente, con el ánimo por las nubes, mi amiga se dispuso a cumplir mi
"lista express" de lugares que Ariana (¡gracias, Ariana, eres la
mejor guía a distancia!) me había recomendado. ¡Madrid, agárrate!
Primero, un
desayuno de campeones en su café favorito: un café (sí, ¡un café, que en Europa
por fin me gustaba!) y unos pancitos con jamón serrano "de la ostia".
¡Flipé en colores! Luego, metro al canto y directas a la Puerta del Sol. Fotos
con el Oso y el Madroño (¡clásico!), pisando el Kilómetro Cero, y un paseo por
esas calles vibrantes, admirando el cielo "extraordinario" de Madrid.
Ahí, Gia me prometió: "Te llevaré al cielo".
Paseamos por la
Plaza de Oriente, el Palacio Real (¡yo solo seguía flipando de colores con cada
detalle!) y una breve pero impresionante visita a la Catedral de la Almudena,
con sus mosaicos que te dejaban sin aliento. Salimos de ahí con la energía de
atletas y directas al Mercado de San Miguel. ¡Qué despliegue de gastronomía!
Aunque los precios... uff, ¡por las nubes! Seguimos caminando, esto era un tour
express a pie, y llegamos a la Plaza Mayor, un hervidero de gente y vida.
Pero para el alma (y el estómago) dulce, el plato fuerte: ¡Chocolatería San Ginés! Mi corazón y mi alma daban saltos de alegría. Estaba abarrotado, hicimos fila, entramos y devoramos unos churros con chocolate caliente que, ¡oh, sí!, repetimos. Entre bocado y bocado, me maravillaba con la felicidad de Gia, sus proyectos, su reinvención. ¡Waooo! ¡Y solo estoy escribiendo el tour, y ya estoy cansada!
De ahí, con el
corazón contento, caminamos hacia el Edificio Metrópolis, en la esquina de la
Calle Alcalá y la Gran Vía. Fotos en la Puerta de Alcalá y luego al Parque del
Retiro, donde David y sus amigos nos esperaban para un concierto de rock. Noche
épica, y a la cama.
El Último Salto
al "Cielo" Madrileño (y la Carrera del Autobús Fallido)
El domingo era
mi último día, pero Gia, mi incansable guía, estaba dispuesta a exprimir hasta
el último segundo para que el lema "De Madrid al Cielo" cobrara vida.
Nos alistamos y salimos a la carga. Hoy tocaba bus, y lo más gracioso fue la
escena: ¡ningún bus pasaba! Cuando Gia divisó uno a lo lejos, salió corriendo
como si le persiguiera un león, y yo, un poco torpe como siempre, tras ella,
para darnos cuenta, en medio de la carcajada incontrolable, ¡que no era el bus
que esperábamos! La risa era tan fuerte que no podíamos ni respirar.
Esperamos un ratito más y, ¡por fin!, nuestro bus apareció. Nos montamos y directas a nuestra comida favorita: ¡el desayuno! Gia tenía el plan perfecto: devorar varios tipos de tortillas españolas en "Pez Tortilla", en la calle del Pez. ¡Jajajaja! Y claro, unas birritas para acompañar. Salimos de ahí con la panza llena y el corazón contento.
Luego, a la Plaza de España. Un paseo cortito, pero suficiente para agradecerle a Gia su increíble compañía y camaradería. Más fotos en el Templo de Debod, donde contemplamos una vez más ese cielo maravilloso de Madrid. La despedida fue con una sonrisa que me nacía desde el hígado, de pura felicidad.
De vuelta a su
casa, maletas, y al aeropuerto. Allí, me reencontré con David para nuestro
viaje de regreso a Milán. Cansada, sí, pero con el alma llena de risas,
reencuentros, sabores y la certeza de que, aunque Italia me esperaba, a veces,
la mejor forma de explorar el mundo es saltando al azar hacia los brazos de una
buena amiga y la promesa de un cielo inolvidable.
Reflexión Final: Más Allá de los Destinos, la Magia de los Encuentros
¡Y así, amigos,
fue mi locura madrileña! ¿Qué historias inesperadas tienen ustedes de sus
viajes? ¡Los leo!



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