¡Alerta Spoiler! Cómo mi título de Química me llevó al "Lado Oscuro" de la Pasta
Hey,
¿Sigues ahí?...
Hoy te traigo
una historia de esas que te hacen decir: "¡¿Pero qué diablos?!" Si
alguna vez pensaron que la vida es un algoritmo predecible, prepárense para la
montaña rusa que fue la mía.
Tengo un título en Química. Sí, lo sé, suena a que mi destino era vivir rodeada de fiolas y batas de laboratorio, quizás descubriendo la fórmula para que el café no se enfríe nunca o mezclas para la eterna juventud. Pero ¡sorpresa! (o quizás no tanta, si ya me conocen), la vida tenía otros planes. Y cuando digo "otros planes", me refiero a que me lanzó de cabeza a un universo tan peculiar que aún hoy me pregunto: -¿Cómo llegué aquí?-.
Del crudo
petróleo a... ¿sémola?
Al salir de la
universidad, mi visión del futuro era tan clara como el crudo recién extraído.
Me veía, casco en mano, botas manchadas de "algo" (preferiblemente
petróleo, no lo dejen al azar), paseándome por pozos petroleros como la reina
del oro negro. ¡La industria petrolera sería mi "Lugar Feliz"! Los
laboratorios me parecían demasiado limpios, demasiado... poco aventureros. Yo
quería acción, sudor y el aroma inconfundible de los hidrocarburos.
Pero como siempre, la vida tiene un sentido del humor retorcido. Justo cuando estaba visualizando mi futuro como la "Indiana Jones del Petróleo", mi madre, cual hada madrina corporativa, movió sus hilos. Me consiguió una "oportunidad" de dos meses en una empresa. ¿El objetivo? Que no me oxidara mientras esperaba mi llamado al imperio petrolero. ¡Pura estrategia, pensé yo! Un pequeño desvío antes de la gloria.
Cuando el "Lado Oscuro" tiene sabor a salsa boloñesa
Y así, aterricé en "Serdeña", una planta de producción de pasta. Sí, pasta. Esos cilindros, espirales y corbatínes que tanto amamos. Una empresa tan familiar que sentías que la abuela italiana estaba supervisando cada paquete. Por supuesto, mi brillante cerebro químico asumió que iría al área de calidad. ¡Era lo lógico! Análisis de gluten, control de humedad, esas cosas de científicos.
Pero no, mis
queridos. Fui convocada al Lado Oscuro. Así lo bauticé años después, con
cariño y un poco de trauma. El "Lado Oscuro" era, ni más ni menos, ¡Operaciones!
Me asignaron como sombra del Gerente (Enrico) y del Jefe (Peter), para "aprender del
proceso". ¿Proceso? ¿Qué proceso? No había balones de destilación, ni
fiolas, ni esos sofisticados equipos de HPLC que pensaba. Solo me encontré
frente a unas monstruosidades metálicas gigantes que escupían pasta sin
piedad. ¡Mi alma de química lloró un poco ese día!.
Mi
"tiempo" ahí, se extendió. Y se extendió. Y se extendió... De
repente, ya no era la becaria que pasaba por ahí, sino la que andaba sacando
indicadores de producción, metiendo las narices en el mantenimiento de las
máquinas y hasta echándole una mano al mismísimo dueño. ¡De "ingeniera petrolera" a "Dama
de la Pasta"!
Cuando hablo del "Lado Oscuro", debo aclarar que Mantenimiento es el rebelde de la familia, el que anda con grasa en las manos y siempre tiene una historia de "esa máquina casi me come". Pero también es el más importante. Y ahí fue donde conocí a Enrico, mi gurú de los fierros, el hombre que me hizo caer rendida ante el encanto de las máquinas.
Enrico siempre
decía: "Uno termina convirtiéndose en lo que más odia". Yo no odiaba
las máquinas, para ser honesta, sólo no las tenía en mi radar de "carrera
profesional". Pero Enrico, con su sabiduría y paciencia, me enseñó a amar
cada engranaje, cada tornillo, cada ruido extraño de esas bestias de metal.
Me enamoré como
una niña de sus muñecas, pero de las máquinas. De entender sus procesos, de sus
caprichos, de sus "fallas misteriosas". Pero, sobre todas las cosas,
me enamoré de las historias de la gente que las hacía funcionar. Porque
al final, la vida es eso: un montón de giros inesperados, de planes que se
descarrilan y de caminos que te llevan a descubrir pasiones donde menos te lo
esperabas.
¿Y tú? ¿Alguna vez te sorprendiste con los giros que dio tu vida? ¡Cuéntame tu historia "en modo aleatorio" en los comentarios!

Sí, total, Mi mayor "giro aleatorio" fue cuando mi trabajo inicial, que era superestructurado, se transformó por completo. Ahora, un día estoy organizando un evento y al siguiente redacto contenido para redes sociales. Es una mezcla constante de cosas que nunca imaginé hacer. ¡Un aprendizaje tremendo y mucho más emocionante
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